Domingo 4 de Diciembre de 2022

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HISTORIA

4 de diciembre de 2022

"El doctor Holmes": confesó 27 crímenes, pero se calcula que fueron más de 300

Herman Webster Mudgett, más conocido como "el doctor Henry Howard Holmes", fue un asesino serial de los Estados Unidos que confesó 27 crímenes, pero que se calcula que fueron más de 300.

Nacido el 16 de mayo de 1861 en Gilmanton, New Hampshire, era el tercero de los cinco hijos del matrimonio formado por Levi Horton Mudgett, un padre alcohólico y abusivo, y de Theodate Page Price, una madre puritana metodista.

 Este sujeto empezó a manifestar odio hacia las mujeres, especialmente aquellas con fortuna, lo que lo llevaría a ser un estafador y cruel homicida.

 "El doctor Holmes" se dedicó al fraude a los seguros, la estafa, la falsificación de cheques, la bigamia, el robo de caballos y, por supuesto, el asesinato.

 A los 18 años, para pagar sus estudios de medicina se casó con una rica joven llamada Clara Lovering con quien tuvo un hijo, Robert Lovering Mudgett.

Cuando empezó a ejercer como médico dejó a aquella segunda conquista, ejerció durante un año en el estado de Nueva York y fue después a establecerse en Chicago.

Al ser seductor, Mudgett tenía innumerables éxitos amorosos y cuando llegó a su nueva ciudad no tardó en seducir a una joven millonaria llamada Myrta Belknap.

 Allí adoptó el nombre de doctor Henry Howard Holmes y se casó con ella para luego tener una hija, Lucy Theodate Holmes.

 Asimismo, falsificó escrituras y con eso logró estafar en 5.000 dólares a su familia política para hacerse construir una casa lujosa en Wilmette.

 Posteriormente, consiguió en las afueras de Englewood la herencia de una farmacia propiedad de Melisa Holden, una viuda de quien se hizo su amante y hombre de confianza.

Todos sus bienes los consiguió a base de falsificaciones y malversaciones de fondo.

 Para construir su castillo, el "Holmes Castle", este sujeto usó a varias empresas a las cuales nunca pagaba e interrumpía pronto sus obras.

 Luego, Mudgett adquirió un terreno gracias a una serie de estafas y emprendió la construcción de un hotel con aspecto de fortaleza medieval, cuya disposición interior concibió él mismo.

 Cada una de las habitaciones estaba provista de trampas y puertas correderas que daban a un laberinto de pasillos secretos desde los cuales, por unas ventanillas disimuladas en las paredes, él podía observar a escondidas a sus clientes.

Podía seguir desde adentro a sus víctimas y con abrir unos grifos de gas, podía asfixiar sin desplazarse a los ocupantes de algunas habitaciones. Un montacargas y dos "toboganes" servían para hacer bajar los cadáveres a una bodega donde según los casos, eran disueltos en una cubeta de ácido sulfúrico, reducidos a polvo por incineración, o hundidos vivos en una cuba llena de cal.

Además, en una habitación llamada "el calabozo" había instalado instrumentos de tortura. La más particular y la que después llamó la atención fue una máquina autómata que permitía hacer cosquillas en la planta de los pies de las víctimas hasta matarlas, literalmente hablando, de risa.

 El "Holmes Castle" fue terminado en 1892 y la Exposición Mundial Colombina de Chicago se inauguró el 1 de mayo de 1893.

 Durante los seis meses que duró, nunca se desocupó, aunque las clientas eran elegidas especialmente por este asesino: tenían que ser ricas, jóvenes, guapas, estar solas, y para evitar las visitas inoportunas de amigos o familiares, su domicilio tenía que estar situado en un estado lo más alejado posible de Chicago.

Con el final de la exposición, las rentas del hotel acusaron una caída brutal y "doctor Holmes" se encontró pronto corto de dinero.

 Fue así que incendió el último piso de su inmueble y reclamó a su asegurador una prima de 60.000 dólares, sin pensar que la compañía podría hacer una investigación antes de pagárselos. Una vez descubierto, se refugió en Texas, donde realizó estafas que lo llevaron por primera vez a la cárcel.

 Ya liberado bajo fianza, volvió a salir unos meses después no sin haber puesto en pie una nueva operación criminal.

 La idea era sencilla: un cómplice, llamado Pitezel, debía hacerse un seguro de vida en una compañía de Filadelfia, después se presentaría como suyo un cadáver anónimo desfigurado por un accidente.

 La prima que cobraría la señora Pitezel sería repartida y el "muerto" iría se escondería durante algún tiempo en algún país de Sudamérica.

 Sin embargo, Holmes cambió de planes y mató realmente a Pitezel, evitándose la búsqueda de un cadáver desfigurado y quedándose con todo el dinero de la prima, ya que luego se deshizo de sus hijos.

 Un antiguo compañero de celda, Marion Hedgepeth, lo denunció y la Policía realizó una investigación profunda que estuvo a cargo del detective privado Frank Geyer, quien descubrió toda la estafa de Mudgett, quien confesó la estafa a la aseguradora y los asesinatos de Pitezel y su familia.

 Una vez detenido el sujeto, la Policía registró el hotel y se descubrió que éste había sido utilizado como lugar de tormento y sala de ejecuciones.

 Allí los agentes encontraron cámaras herméticas desde las cuales se podía bombear gas, un horno lo bastante grande para contener un cuerpo humano, cubas de ácido, y habitaciones equipadas con instrumental quirúrgico de disección así como toda la parafernalia de la tortura.



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