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SOCIEDAD

15 de noviembre de 2020

El Gobierno afirmó que en Argentina “opera un racismo estructural”

para justificar la creación de una comisión“La comunidad afroargentina ha sido históricamente invisibilizada, negada y extranjerizada”, dice la resolución que crea un ámbito para el “reconocimiento histórico” de ese grupo.

Las explicaciones del INADI y la opinión de los historiadores
El gobierno nacional anunció la creación de la Comisión Nacional para el Reconocimiento Histórico de la Comunidad Afroargentina, con el objetivo de “contribuir al cumplimiento del pleno goce de derechos de los ciudadanos que la integran”, según el comunicado oficial. La iniciativa es del Inadi pero involucra a otras áreas: Justicia y Derechos Humanos, Educación y Cultura.

En los fundamentos de la iniciativa se afirma que “la comunidad afroargentina” está “integrada por más de 2 millones de personas que descienden de africanos traídos como mano de obra esclava”. Una población que “ha sido históricamente invisibilizada, negada y extranjerizada producto del racismo estructural que opera en nuestro país”. El comunicado describe a esta iniciativa como “un paso fundamental en el camino hacia la equidad étnico-racial, la reparación histórica y la justicia social”.

Periódicamente la historiografía renueva sus temas y sus preguntas. Una de estas innovaciones ha sido la de los estudios sobre la población esclava en el Río de la Plata, respecto de la cual circuló por mucho tiempo la idea de que se había prácticamente extinguido en las guerras de Independencia, una hipótesis favorecida por la asimilación de ese grupo, en el largo -y exitoso, vale señalar- proceso de mestizaje argentino.

Ahora bien, la iniciativa oficial presenta varias aristas polémicas: una es la descripción de la Argentina como un país en el cual opera un racismo “estructural”, palabra que se asocia a sistemas como el apartheid o el segregacionismo; otra la pregunta acerca de si la investigación histórica sobre una comunidad dada debe derivar en la identificación de un grupo étnico de pertenencia en el presente; también si es el Estado el que debe organizar colectividades o la sociedad de modo autónomo; y si, como insinúa la Resolución, existen derechos negados en función de criterios raciales.

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Para el historiador Luis Alberto Romero no hay mucha duda: “Esta iniciativa es un disparate. Sobre todo ahora que sabemos que la humanidad surgió en un solo lugar, que está en África, y desde allí se dispersó. Y eso se comprobó con los estudios del ADN de poblaciones”.

Somos todos africanos...

Ahora bien, en esto ve mucho más que simple interés en el pasado: “Creo que la reivindicación militante de los derechos de grupos minoritarios es una de las peores modas intelectuales y políticas -afirma-. Hay tantos beneficios por pertenecer a una de estas comunidades, que las que existen realmente no alcanzan y hay que inventarlas. Cuando se instalan en el Estado, como es este caso, reclaman y obtienen presupuesto destinado a inventar -como decía Hobsbawm de las naciones- estas comunidades, bajo la figura, también tomada del nacionalismo, de la comunidad a la que se le han negado sus derechos. Un círculo vicioso, que agrega más elementos de fractura a nuestro pobre presente.”

“Antes que racista y xenófobo, Argentina fue un país abierto a gente de cualquier lugar del mundo -dice Alejandro Gómez, profesor de Historia Económica en la Universidad del CEMA-. El negro se mestizó como todos los demás. Nos fuimos mezclando todos. El mestizaje es un proceso que se dio desde el inicio. En lugar de resaltar que fuimos una mezcla generalizada de razas y culturas, con esta iniciativa se busca segregar. Sos argentino porque naciste en Argentina. Que dejen de promover separaciones. Los hijos de italianos o de españoles no se definen como ítaloargentinos, hispanoargentinos, etc. Si me defino así, no soy argentino”.

“Por otra parte, la Argentina no tuvo nunca una economía de plantación”, agrega, en referencia a algo que podría haber justificado el calificativo de estructural.

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Consultado al respecto por Infobae, un funcionario del INADI, Federico Pita, director de la Comisión por la Recuperación Histórica de los Afroargentinos, explicó que “el racismo en su dimensión estructural es el conjunto de procesos, prácticas y estructuras que reproducen la inequidad racial”. “El racismo estructural se sustenta en la ideología de la supremacía racial blanca / inferioridad racial negra, conocida originalmente como racismo científico o biologicista que dividía a la raza humana en subrazas y a la vez las jerarquizaba. Es estructural porque se encuentra naturalizado y profundamente arraigado en prácticas sociales e institucionales”, agregó.

Para la historiadora y escritora Ema Cibotti -ella misma con cierta ascendencia africana por parte de su abuelo materno-, "el racismo estructural implica siempre segregación espacial, o sea guetos urbanos; y aquí no los hubo”. Debido a sus orígenes, Cibotti se interesó en su momento en el tema: “Hace mucho que no estoy en contacto con referentes de estos grupos, pero los seguí hace más de 10 años y había gente muy interesante que había creado la ONG África Viva. Pero no hablaban de discriminación sino de invisibilización. Ellos también veían que la asimilación tan fuerte de nuestra sociedad los había ‘blanqueado’, y obviamente rechazaban las ideas de exterminio en la guerra del Paraguay. Querían ser reconocidos como afroargentinos o sea dejar de ser invisibles”.

Ahora bien, respecto de la creación de la Comisión, cree que “la Comunidad Afroargentina entró por la variante de los subsidios con esta iniciativa”. “Es otro de estos inventos, igual que la supuesta ocupación del sur del actual territorio argentino por ‘mapuches’ desde hace miles de años, como afirman los que defienden las tomas de tierras de manera violenta”, agrega.

¿Qué derechos les han sido negados a los descendientes de africanos en nuestro país?, preguntó también Infobae al INADI.

“No se trata de la denegación de derechos, sino del acceso al goce pleno de los mismos -respondió Federico Pita-. En Argentina el color de piel puede ser una limitante a la hora de acceder a oportunidades laborales y educativas. Como se ha visto en algunos episodios recientes, las personas no blancas también son víctimas constantes de la violencia institucional. La no existencia de un sistema legal de discriminación no implica la no existencia de prácticas discriminatorias profundamente arraigadas en la sociedad y sus instituciones”.

En cuanto a la cifra de 2 millones de afrodescendientes en nuestro país, Pita explica que surge de “un estudio realizado en el 2006 por el Instituto de Estadística y Censos, con asistencia de la Universidad de Tres de Febrero, financiado por el Banco Mundial”.

Una de las conclusiones del estudio es que “alrededor del 5% de la población argentina responde a la categoría de afrodescendiente”. Por otra parte, el Censo del 2010, explica el funcionario, dio por tierra con “la extranjerización que padece este sector de la ciudadanía argentina: 9 de cada 10 personas que se reconocieron afrodescendientes nacieron en el país”. Se refiere a la suposición de que “en Argentina los afro son todos inmigrantes, cuando en realidad en su gran mayoría son nativos de acá”.

La historiadora Hilda Sabato, ex profesora de la UBA e investigadora del Conicet, y especialista en historia argentina del siglo XIX, dice al respecto: “La Argentina es una sociedad mestiza y al ser mestiza es difícil categorizar tan taxativamente una raza, un colectivo. Está muy bien el trabajo de antropólogos e historiadores para recuperar tradiciones, raíces culturales, sociales, memorias, de sectores marginados de los relatos dominantes; pero el racismo en la Argentina, si lo queremos llamar racismo, no pasa por los afro, ni se limita a ellos, y me parece más apropiado el concepto de negritud social, elaborado por algunos investigadores”.

En opinión de Sábato, “la discriminación es más social, aunque se combine a veces con el color de piel, tiene más que ver con la condición social, que en Argentina es mucho más fuerte que cualquier identificación con el pasado afro”.

Pero ella apunta también a otra categoría problemática: “Esta Resolución hace referencia a algo que no sabemos bien qué es. ¿Qué es la comunidad afroargentina? ¿Las organizaciones que se reclaman hoy como representantes de esa tradición? No es que exista la comunidad afroargentina, que serían todos los descendientes de los africanos llegados a Argentina. Las corrientes migratorias se convierten en comunidad cuando hay gente que se organiza como grupo para defender sus tradiciones. La comunidad no es una esencia, sino una organización. Al hablar de la comunidad se la está esencializando, congelando. Los descendientes de italianos somos legión, pero la comunidad o colectividad italiana son los que se organizan como tales”.


“La invisibilización es simplemente el mestizaje argentino pero lo que sí podemos criticar es la tendencia a decir que todos los negros murieron y que esta es una sociedad blanca. Ese reclamo puede ser genuino por parte de quienes lo hacen; la cuestión es que el Estado asuma eso. Una cosa es la recuperación de las distintas tradiciones que hacen al mestizaje argentino, de las cuales la afro es una. Otra es que estemos pensando en una sociedad de guetos.”

También ve en esta iniciativa oficial una influencia exterior: “Es muy oportunista esto. El mundo hoy funciona así, y acá somos tan antiimperialistas que compramos todo lo que nos manda el imperio; entonces hablamos de una comunidad negra como si fuese una tradición a la manera norteamericana”.

A esta misma tendencia a la importación de fenómenos ajenos apunta el filósofo Alberto Buela: “Acá lo que pasa es que fracasó en Estados Unidos la teoría del melting pot, y quieren que nos fracase a nosotros también. Pero acá no fracasó. Nosotros no hemos tenido problemas raciales. Decía Bolívar: ‘No somos ni tan españoles, ni tan indios, somos criollos’. Pero en Estados Unidos, como fracasó la integración de los afroamericanos, la han sustituido con el multiculturalismo. Reducen todo a un conjunto de minorías”.

La iniciativa del Inadi le parece “una barbaridad y un sinsentido”. “Igual que el indigenismo -agrega-. Lo que nos costó guerras de Independencia va a parar al resumidero”.

Desde el INADI, defienden el uso del término “invisibilización” porque hubo, afirma Federico Pita, “una deliberada decisión de ocultamiento”. “Un ejemplo -agrega- es el sistema estadístico argentino en sus orígenes, cuando al eliminar las categorías étnico-raciales de los registros de población propuso una nueva tipificación vinculada ya no a la cuestión identitaria sino a la idea del color de la piel o tez, como lo fue hasta algunos años, la categoría trigueño que suprime y sintetiza con intencionalidad negadora dos identidades originales de nuestra nación como los pueblos originarios y la comunidad afroargentina”.

Pero Hilda Sábato desestima este cuestionamiento por estar fuera de contexto: “Hay una crítica a los censos anteriores porque borraron toda referencia a la raza, pero no se tiene en cuenta que lo hicieron porque en aquel momento eso se consideraba progresista. Criticar al que hizo el censo porque borró a los negros es anacrónico porque en realidad en aquel momento borrar toda eso era un gesto de progresismo”.

“Más que visibilización de los negros creo que se busca la visibilización del INADI -dice Alejandro Gómez- Lo que se busca es más presupuesto. Lo mismo que pasa con los supuestos mapuches en el sur. Además, ¿cuántos indios realmente puros hay? Y, lo más importante: la Constitución argentina no dice nada del origen étnico de las personas, no hay privilegio de sangre. El artículo 15 decretaba la libertad de los pocos esclavos que quedaban todavía en 1853, y el 16, que la Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de cuna, que todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. Si en este país alguien por algún motivo no puede acceder a un derecho, acude a la justicia; en la actualidad, legalmente no existe ningún tipo de discriminación”.

Para el politólogo y ensayista rosarino Marcelo Gullo, hay un “multiculturalismo balcanizador” que forma parte “de las ideas dominantes de nuestro tiempo, y eso es así porque, como sostenía Marx, ‘las ideas de las clases dominantes son las ideas dominantes en cada época’”

“A partir de la caída del muro de Berlín -explica- comenzó a conformarse una nueva elite transnacional, un establishment mundial en cuyo centro se encuentran los hombres del poder financiero internacional, al que la desconstrucción de las naciones le resulta funcional a sus intereses. Es por eso que sus fundaciones subvencionan a cuanto profesor o político en el mundo predique el multiculturalismo y, ahora en el caso argentino, la prédica de un racismo estructural inexistente en nuestro país”.

No hay “maldad intrínseca”, ni “complot” en esto, aclara. “Es simplemente la aplicación del viejo principio romano de dividir para reinar. Más allá de las palabras bonitas, la creación de la Comisión Nacional para el Reconocimiento Histórico de la comunidad afroargentina debe inscribirse dentro de uno de los objetivos permanentes de la estructura hegemónica del poder mundial que consiste en la fragmentación territorial o social de las naciones”.

La historiadora Lilia Ana Bertoni, que ha estudiado los procesos de construcción de las nacionalidades, en Argentina y en Europa en el siglo XIX, dice: “Se está tratando de crear un problema que en la Argentina ya fue solucionado por el éxito de las políticas de integración, de 'blanqueamiento”, es decir de ignorancia de las diferencias de color. Como todo proceso histórico, puede haber sido conflictivo en su momento, pero hoy ya está concluido, y los descendientes de negros están integrados en una comunidad ciudadana nacional que en el pasado ha procesado exitosamente esas y otras diferencias en un legado común. Políticas como la mencionada, sin duda importantes en países donde la discriminación racial está instalada, en nuestro caso solo servirían para crear divisiones".

Asoma en este proyecto una característica de la corrección política tan en boga en nuestros días: releer la historia para hacerle decir al pasado algo funcional a construcciones del presente. Una cosa es la investigación histórica, que puede resultar apasionante. Otra es la deformación anacrónica o interesada, que consiste en ver discriminación donde hubo integración y racismo donde hubo mestizaje.

fuente: infobae.

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