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POLICIALES

2 de diciembre de 2023

Doble crimen de San Luis: un cuerpo sin corazón y otro desfigurado a golpes, un hecho que quedó impune

Carlos y Fernando tenían 10 y 11 años. Sus cuerpos fueron encontrados, uno encima del otro en forma de cruz, en diciembre de 1989. El derrotero de la causa y la espeluznante maniobra del asesino para salir impune.

Dos chicos asesinados, una cruz macabra formada con sus cuerpos y un asesino que, para eliminar la prueba, se llevó el corazón de una de las víctimas junto con la bala que lo había matado.


 Podría ser la sinopsis de una película cualquiera de terror, pero fue el cruel destino de Carlos Luna y Fernando Martínez, dos primos de 10 y 11 años que el 14 de diciembre de 1989 marcaron una de las páginas más oscuras en la historia de la provincia de San Luis.

El doble crimen Luna-Martínez estalló durante el segundo mandato de Adolfo Rodríguez Saá y sacudió al poder político y a la cúpula policial de la época. Fue una causa compleja, que acumuló más de 12 cuerpos, pasó por cinco jueces y puso a una familia casi completa en la cárcel, que era inocente. En 2007, el expediente se cerró con un posible responsable identificado que ya cumplía una pena por otro homicidio pero que no pudo ser condenado por los crímenes de Carlos y Fernando porque al momento del hecho era menor de edad, igual que ellos.
“Fue un caso muy parecido al de María Soledad Morales en Catamarca”, señaló Contreras, el abogado que representó a la familia Amitrano, también conocidos como los “perejiles” del caso. 
El letrado apunta con la referencia a la red de encubrimiento que se desplegó inmediatamente para garantizar la impunidad de los culpables. No obstante, diferenció: “Pero en este caso las víctimas eran dos criaturas de 10 y 11 años, no alcanzan las palabras para describir tanto horror”.
Por su parte, Julio Fernández Triches, el útimo juez que tuvo a cargo la causa, afirmó en diálogo también con este medio: “La investigación primaria fue pésima, desde el lavado de los cuerpos y todo lo que fue la instrucción policial. Con el ansia de esclarecerlo, hicieron un desastre”.

Una frase de la mamá de Fernando Martínez y tía de Carlitos, durante una entrevista años atrás, resuena hoy acaso más fuerte que entonces: “Ni siquiera en las tumbas los dejaron descansar en paz”.
Hace 34 años, Carlos y Fernando salieron de su casa en Villa Mercedes para ir a jugar un partido de fútbol y no volvieron más. En base al relato de un testigo, se supo que aquel 14 de diciembre, cuando ya había anochecido, los vieron sentados en un banco del barrio 960 viviendas y se despidieron de sus amigos diciendo que iban a cortar frutas. En ese punto se les perdió el rastro.

Al día siguiente, la ciudad se despertaría horrorizada con la aparición de los cuerpos de los chicos en un canal de riego cercano a la quinta de Domingo Amitrano, un hombre que vivía junto con su familia de la siembra de papas. Estaban dispuestos en forma de cruz, semidesnudos y con signos de haber sido mordidos por perros.
A Luna, de apenas 10 años, le habían disparado en el pecho y después le arrancaron el corazón para que no se supiera cuál era el calibre de la bala que usó el asesino. Tenía las costillas fracturadas y su cuerpo molido a golpes.

A su primo, Martínez, de 11 años, le pegaron tanto que le encontraron tres dientes en el estómago. Tenía las manos atadas a la espalda y lo habían ahorcado. Alrededor del cuello tenía el cordón de sus zapatillas y un alambre de púas.
El chivo expiatorio:
Mientras la repercusión del caso escalaba a nivel nacional y las primeras marchas en reclamo de justicia empezaban a copar las calles, el entonces gobernador buscaba su tercera reelección y resolver rápidamente el doble crimen de los primos se convirtió en una prioridad.

“Por este medio que sale por todo el país, al juez, Doctor Nils Luján Mejía le pido que llame a declaración indagatoria a los sindicados por la Policía. Al señor Amitrano y a sus hijos”, dijo Rodríguez Saá sentado en la mesa de Mirtha Legrand y mirando directamente a la cámara. Y así se hizo.

Domingo Amitrano y sus hijos Daniel Alfredo, Jorge Omar, Luis Enrique y Juan fueron encerrados y torturados para conseguir la confesión de un crimen que no habían cometido, por el cual estuvieron detenidos nueve meses sin ninguna prueba en su contra más que el haber sido dueños del predio dentro del cual descartaron los cuerpos de las víctimas.
El abogado Gustavo Contreras vivía en Buenos Aires en aquella época y el caso llegó a él a través de un colega, que lo puso en contacto con otra de las hijas de Domingo Amitrano. Una semana después viajó a San Luis y todavía recuerda ese primer encuentro con la familia detenida.

“La primera impresión que tuve fue que no tenían idea de lo que les estaba pasando”, dijo Contreras. A su vez, remarcó: “Pero sabían que no estaban ahí por robar gallinas y eso les generaba una gran angustia, el estado de desesperación era total”. De acuerdo a su relato, a los Amitrano los involucran en el caso solamente porque “los cuerpos aparecen a unos 300 metros” de su quinta y se los devoró después una investigación plagada de irregularidades.

“Una avalancha de gente se acercó a la escena y no se tomaron medidas preventivas elementales, ni siquiera un cercado perimetral con cintas”, indicó Contreras, y subrayó: “Una desprolijidad total”. Pese a los 34 años que pasaron, recuerda lo difícil que le resultaba ver las fotos de las víctimas. “No alcanzan las palabras para describir tanto horror, comprender tanta maldad volcada sobre esas criaturas”, manifestó.
Los Amitrano fueron las víctimas colaterales del mismo horror. “Habían aplicado una ley civil y comercial a un caso penal, sólo para justificar sacarle el expediente a la justicia de Villa Mercedes”, detalló el abogado, convencido de la maniobra cuya única finalidad era la de proteger a los verdaderos responsables del doble crimen.

“Nos arruinaron la vida”: Domingo Amitrano y sus cuatro hijos estuvieron nueve meses presos hasta que, después de varias idas y vueltas judiciales, salieron en libertad sobreseídos por la Justicia. Pero la vida a la que regresaron entonces ya estaba muy lejos de volver a ser normal.

“Uno de los hijos de Domingo murió por un cáncer de pulmón que le produce un golpe que le dio la policía, otro hijo perdió un ojo producto de las golpizas”, expuso Contreras. Y agregó: “Los Amitrano quedaron traumados. Veían pasar un patrullero y automáticamente me llamaban asustados, creían que los vigilaban a ellos”.

Un tiempo después de haber recuperado la libertad, uno de los hijos de Domingo dio una nota a un medio local, y afirmó: “Fue un desastre, una aberración jurídica jamás vista en la historia lo que hicieron con nosotros. Nos arruinaron la vida, nunca más pudimos trabajar la quinta. Hace 30 años que nos dejaron las tierras inútiles, 30 años sufriendo, changueando para poder vivir”.
Y en relación a Adolfo Rodríguez Saá, completó: “Quisiera preguntarle por qué nos arruinó la vida, por qué si él sabía quiénes éramos nosotros. Nunca me dio audiencia, nunca dio la cara; jamás se lo voy a perdonar”.

“Una causa desdibujada”:
“Una vez que los Amitrano quedaron libres nadie movió la causa, yo lo tomo a punto de prescribir ”, dijo el juez Julio Fernández Triches, que tuvo a cargo el expediente por los crímenes de Carlos Luna y Fernando Martínez más de una década después de ocurridos los hechos.

“Habían desdibujado la causa”, afirmó el exmagistrado, y precisó: “Desde meter presa a una familia que no tenía nada que ver hasta lavar todas las pruebas. Tengo registrada la foto en blanco y negro del médico forense lavando los cuerpos”.

“Si hubo una intención de encubrir, hasta eso lo hicieron mal”, sostuvo Fernández Triches, para quien la mala investigación que se hizo en los primeros años fue el disparador de tantas sospechas y las distintas hipótesis que se generaron después.

En ese escenario, contó: “Empezamos a analizar foja por foja el expediente y sin buscar quién podia ser, encontramos una nueva línea para investigar”. El exjuez se refería a la aparición de un nuevo sospechoso: Pablo Francisco “El Tenaza” Escobar, quien había integrado el grupo de amigos de las víctimas y para ese entonces estaba en prisión condenado por otro homicidio.
Sin condena: “Escobar estuvo presente todo el tiempo”, indicó Fernández Triches. En este sentido, apuntó que había colaborado en los grupos de búsqueda mientras los chicos estuvieron desaparecidos, y siguió presente también después de que los encontraron.

De acuerdo a su testimonio, la primera pista firme que tuvieron en contra de Escobar fue una pericia geológica que encontró coincidencias entre los rastros de tierra levantados de los cuerpos y la ropa de las víctimas y el terreno donde vivía la familia del sospechoso. Después, las testimoniales cerraron el círculo a su alrededor.
“Varios testigos dijeron que había tenido altercados con las víctimas siendo él también menor de edad, con una mano sostenía el caballo y con la otra se peleaba con los chicos”, relató el magistrado. Y resaltó: “Escobar no era completo intelectualmente. Tiene un desequilibrio bastante importante, de hecho tuvo un intento de suicidio dentro de la penitenciaría”.

San Luis salió a la calle a pedir justicia por Carlos y Fernando:
Basado en todos estos indicios, Fernández Triches cerró el caso de los asesinatos de Carlos Luna y Fernando Martínez con “El tenaza” Escobar como único responsable, aunque aclaró: “No hubo condena porque era menor de edad al momento del hecho”.

“Lo que se resolvió fue de acuerdo al expediente que recibí, no había ningún elemento que me indicara que podía haber sido otra persona”, argumentó.

Las otras hipótesis:
Entre las distintas hipótesis que se manejaron en un principio, dijeron primero que a Carlos y Fernando los habían sorprendido robando fruta en la quinta de los Amitrano y los habían asesinado por ese motivo. Una teoría absolutamente inconcebible que, como era de esperar, no se probó. También se consideró la posibilidad de que los chicos hubieran sido usados como una suerte de ofrenda satánica, por la forma en la que habían sido encontrados los cuerpos.

Pero hubo una tercera versión, de la que se hablaba en voz baja en las calles y que al abogado Rolando Contreras le llegó de boca de la misma policía. Según esta hipótesis, un alto Jefe de la Policía de la Provincia estaba al frente del negocio de la droga en esa época y una de las personas que trabajaba para él era un hombre apodado “El Sapo” que manejaba la canchita de fútbol donde jugaban los chicos de la zona, entre ellos Luna y Martínez.
“Al parecer, ‘El Sapo” se había quedado con un paquete de droga que equivalía a unos 3 mil dólares en ese momento”, contó Contreras. Entonces, cuando su jefe le reclamó el faltante, “usó a los chicos como excusa” para justificarse.

“Era un sujeto con un prontuario complicado, nada bueno podía venir de esa persona”, añadió el letrado, y añadió: “De alguna manera convenció a los chicos (Luna y Martínez) para que mintieran y dijeran que ellos habían robado la droga”.
“El Sapo” esperó aquel 14 de diciembre a que terminaran de jugar el partido y le hizo la propuesta a cuatro de los menores. “Uno dijo que no porque su abuela lo esperaba para comer y a otro se lo llevó la hermana, que lo había ido a buscar. Ese otro era Escobar”, apuntó el abogado.
“Se ha consagrado la impunidad”
Pero Luna y Martínez ya habían subido al auto del entrenador, y fue así como se los llevó a una fiesta en la quinta de un importante político de la provincia, donde se encontraba también el Jefe de la Policía. “Esto a mi me lo contó un comisario”, subrayó Contreras. Y continuó: “Cuando esta persona le pregunta a los nenes quién de ellos había tomado el paquete, Luna dijo que había sido él y le disparó en el pecho”.

“Cuando le apunta a Martínez, el nene se escapa. Salió disparado como una liebre”, relató el abogado. Quiso escapar de la suerte de su primo, pero no pudo llegar muy lejos. “Lo persiguieron con un auto: lo chocan, lo matan y lo llevan a la rastra al predio que alquilaban los Amitrano”, reconstruyó. A partir de allí, todo lo ya conocido.

“Es una de esas historias que hasta cuesta creer, como una historieta burda”, lamentó Contreras. La conclusión, después de más de tres décadas, es que los crímenes de Carlos y Fernando nunca se resolvieron.

“No se hizo justicia por ellos, algunas personas que estaban directamente involucradas ya murieron pero otros están vivos y siguen viviendo en San Luis”, señaló el abogado, y cerró: “Se ha consagrado la impunidad”.


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