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HISTORIAS

11 de julio de 2022

Fue campeón del mundo con Argentina en el 78 y hoy trabaja como recepcionista

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“Hay compañeros que tuvieron que vender sus camisetas por necesidad”Miguel Ángel Oviedo integró el primer plantel albiceleste que ganó un Mundial y es una leyenda de Talleres. Hoy es empleado en el el Polideportivo Municipal Carlos Cerutti de Córdoba: “Los grandes me reconocen, los jóvenes no dimensionan lo que es ser campeón del mundo”.

“Nos convocaron para jugar el Mundial 78 e hicimos lo que teníamos que hacer. Que no nos reconozcan es un problema de la gente. Tengo la conciencia tranquila, nunca hice nada que no fuera jugar al fútbol. Pero en nuestro país a ese equipo que no se lo reconoce. Nuestro país es muy exitista, hay que triunfar, triunfar y triunfar”. De esta manera, se presenta Miguel Ángel Oviedo, uno de los 22 futbolistas argentinos campeones del mundo en 1978.

La Cata Oviedo es uno de los cinco cordobeses integrantes del plantel que levantó la Copa, junto con Osvaldo Ardiles, Américo Gallego, Rubén Galván y Mario Kempes. Sin embargo, por las calles de su provincia a veces pasa inadvertido. “Los grandes me reconocen, los niños no. Los jóvenes no alcanzan a dimensionar lo que es ser campeón del mundo”, afirma.

El oriundo de Córdoba capital surgió en el club Palermo de su provincia. Luego, pasó por Racing de Nueva Italia y debutó en Instituto (1973) hasta que logró ser parte de la época dorada de Talleres (1974/82), que fue el trampolín para ser convocado a la selección argentina del Flaco Menotti.

Más allá de su paso por la Albiceleste, Oviedo disputó 453 encuentros con la camiseta de la T, siendo el jugador con más presencias en la historia albiazul. Sin embargo, mantiene un perfil bajo. “Laburé toda la vida de lo que me tocó, sin pedir privilegios a nadie. Haber sido futbolista y ser campeón del mundo fue un hecho muy importante en mi vida, pero la vida continúa”, remarca humildemente.

Desde hace 19 años es empleado público y tiene que cumplir horarios. Se presenta de 14 a 21 en el Polideportivo Municipal Carlos Cerutti. Gestiona, abre la puerta del estadio, oficia de recepcionista, habla con la gente y atiende llamados por teléfono.

“Me da tranquilidad saber que tengo un sueldo seguro a fin de mes. Hoy trabajo y cumplo un horario porque no estoy salvado. Vivo tranquilo y cómodo; y me gusta lo que hago”, asegura Oviedo en diálogo con Infobae.

-¿A qué se dedica hoy, Miguel?

-Soy empleado de la Dirección de Deportes de Córdoba. Soy administrativo y recepcionista en el Polideportivo Municipal Carlos Cerutti, ya que atiendo el teléfono desde hace 19 años. Es una labor tranquila. No está relacionada con el fútbol directamente, pero sí con el deporte en general, ya que se practican diversas competencias.

-¿Como llegó a ocupar ese cargo?

-Con la gestión de Luis Juez, actual senador de la Nación, quien me llamó para que trabajara con él en el área de Deportes. Mucho tuvo que ver mi nombre para jerarquizar el lugar sin pasar por soberbio ni nada. La idea era traer más gente al deporte.

-En las calles, ¿la gente lo reconoce por ser uno de los campeones del mundo?

-Los grandes me reconocen, los niños no. Los jóvenes no alcanzan a dimensionar lo que es ser campeón del mundo.

-Luego de colgar los botines, ¿a qué se dedicó?

-Cuando me retiré como futbolista me recibí de entrenador y dirigí a Talleres, a Racing de Córdoba y a otros clubes de la liga cordobesa. Cuando me incorporé a la municipalidad dejé la actividad de director técnico porque no me daban los tiempos.

-¿Hoy se relaciona más con el básquet que con el fútbol?

-De alguna manera, sí. Porque en el polideportivo Cerutti se juegan los partidos oficiales del club Atenas en básquet. Trabajo en el estadio donde Atenas ha dado más vueltas olímpicas que cualquier equipo en Córdoba y en toda la Liga Nacional de Básquetbol. Tengo una amistad con el técnico Claudio Arrigoni y con varios basquetbolistas. Atenas se entrena en su club, pero acá juega el fin de semana por la liga local. Así que pasé de relacionarme tanto con el fútbol como con el básquet. 

-¿Qué recuerda de aquella final ante Holanda?

-Ese día, cuando salíamos de la concentración rumbo al Monumental sentimos mucha adrenalina por la final que íbamos a disputar. Producto de la ansiedad, el viaje se hizo interminable porque uno ya quería llegar rápido para estar en el campo de juego. En el vestuario hubo mucho nerviosismo que nos llevó a sufrir bastante, por la presión que la gente nos metía y el solo hecho de saber qué iba a pasar en esa final ante Holanda. Esa presión te mata. La charla técnica de Menotti fue: “Hay que darle una alegría a esta gente que vino a vernos”.

¿Qué conserva por haber sido campeón del Mundo?

-Conservo la estrella que se observa en la camiseta cada vez que juega nuestra Slección. La miro y siento que me pertenece, que forma parte de mi vida. Siempre hago hincapié en la primera estrellita que la voy a llevar siempre en mi corazón.

-¿Se guardó la medalla de aquel Mundial?

-Sí, la tiene mi hija mayor, Mónica. Yo no me quedé con nada, regalé todo.

-¿La camiseta 17 que usó la conserva?

-Se la regalé a mi viejo. Él se la dio a mi madre. Y ella se la regaló a mi hermana Gloria, que la tiene muy bien guardada bajo cuatro llaves y en el cofre de los recuerdos. Siempre que voy a su casa me dice: “Este es el regalo que me hizo la mami”.

-¿Es cierto que intercambió camisetas y se exponen en el museo del estadio Mario Alberto Kempes?

-Sí, hay tres camisetas que yo le cedí a un periodista, Gustavo Farías, para que estén en el museo del estadio a la vista de todos. Una es de Francia, otra de Holanda y la tercera de Italia. Firmamos un contrato de seguridad para poder recuperarlas cuando yo quiera. A cambio, no cobro nada por ser mías. El vínculo lo firmé con el ex gobernador José Manuel De la Sota. Luego, cuando llegó Juan Schiaretti también asumió la responsabilidad de lo firmado.

-¿Es verdad que existe una camiseta suya que se expone en un museo europeo?

-Sí, en Países Bajos. Me enteré que el holandés Wim Jansen, con quien intercambié la camiseta en la final, fue quien la entregó a un museo en Ámsterdam, donde todavía está expuesta.

-¿Pensó en poner en venta sus camisetas?

-Recibí propuestas y hubo gente interesada, pero nunca las vendí. Vino gente de Centroamérica y de Europa interesada en comprarlas y me ofrecieron 15 mil dólares, pero no, camisetas como éstas no las vamos a tener nunca más. Hay ex compañeros de la Selección que tuvieron que venderlas por una necesidad económica.

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