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EFEMÉRIDES

8 de diciembre de 2020

A 40 años del asesinato de John Lennon: así fueron los últimos días del más rebelde de Los Beatles

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Después de cinco años de silencio artístico había vuelto a grabar, disfrutaba de la paternidad y creía en eso de que “la vida empieza a los 40”

La separación de The Beatles, que Paul McCartney hizo pública el 10 de abril de 1970, no fue gratis para quienes desde entonces comenzaron a ser los ex integrantes de la banda que cambió la historia del pop, y para algunos hasta la del mundo. Fue precisamente para alejarse de la conmoción que había provocado aquella decisión, que Yoko Ono le propuso a John Lennon mudarse a Nueva York. Y ahí fueron, el 31 de agosto de 1971.

Primero vivieron en el Hotel St. Regis, en la 5ª Avenida, al este de la calle 55; al mes y medio pasaron al 105 de Bank Street, Greenwich Village para, en mayo de 1973, instalarse definitivamente en el Edificio Dakota, ubicado en el número 1 de la calle 72. Asustada por un robo, la pareja supuso que su nuevo hogar les daría una seguridad que habían perdido en su anterior residencia.

Desde allí, John y Yoko respondían con diplomacia a los insistentes pedidos de entrevistas que recibía el beatle, en torno al que se tejían diferentes hipótesis al cabo de varios años de silencio. Con el álbum Rock and Roll como última referencia discográfica, el presente del músico era una incógnita. Ni noticias de nuevas canciones o LP, ninguna provocación mediática, y nada de ideas descabelladas por las cuales criticarlo.

En 1971, John Lennon decidió que Nueva York sería el mejor lugar en el que instalarse con Yoko. Y allí fueron. /Foto AFP PHOTO

En 1971, John Lennon decidió que Nueva York sería el mejor lugar en el que instalarse con Yoko. Y allí fueron. /Foto AFP PHOTO

Desde allí, también, postearon el 27 de mayo de 1979, el texto Una carta de amor de John y Yoko a quienes nos preguntan qué, cuándo y por qué. Allí, tras una síntesis de lo que habían hecho durante los últimos tres años, advirtieron: “Si piensan en nosotros una próxima vez, recuerden que nuestro silencio es un silencio de amor y no de indiferencia. Recuerden que estamos escribiendo en el cielo, en vez de hacerlo en un papel. Esa es nuestra canción. Levanten sus ojos y miren al cielo. Ese es nuestro mensaje”.

El otro mensaje llegaría un año más tarde, desde Bermuda, adonde el beatle había llegado a bordo del velero Megan Jaye, algo averiado por una tormenta que demoró su arribo a la capital de la isla, donde se encontró con su hijo Sean. La aventura que había vivido en el mar despertó el deseo de Lennon. “Después de cinco años de nada. Sin intentos, con nada a la vista, sin inspiración, ni pensamientos ni nada, de repente, voom voom voom…”

El beatle compró un par de grabadores, y mientras Sean dormía, noche tras noche componía. En un bar escuchó Rock Lobster, de los B-52s y pensó en que ya sí, el público estaba listo para Yoko, retomó algunos bocetos que había ensayado en el Dakota y, cuando volvió a Manhattan, su esposa había preparado todo para empezar a grabar.

John Lennon y Yoko Ono con su hijo Sean, de apenas un mes, bajo el lente de Bob Gruen en Nueva York, en 1975.

John Lennon y Yoko Ono con su hijo Sean, de apenas un mes, bajo el lente de Bob Gruen en Nueva York, en 1975.

El 4 de agosto de 1980, Double Fantasy empezaba a hacerse realidad. El Hit Factory Studio tenía mucho más de spa que de antro de rock. “En vez de cocaína y coñac, a la banda le servían té y sushi; en vez de sexo casual entre las atriles e instrumentos, los músicos podían pedir un masaje shiatsu; y un pequeño retrato de Sean sobre la consola le recordaba a John que la hora de terminar de trabajar era la que le permitía llegar a tiempo para darle el beso de las buenas noches a su hijo.

“La experiencia de ser un padre tiempo completo me devolvió el espíritu. No me había dado cuenta de que eso estaba sucediendo. Pero en un momento me detuve y dije: ‘¿Qué está pasando? Aquí estamos. Voy a cumplir 40, Sean va a cumplir 5. ¿No es grandioso? Sobrevivimos… Voy a cumplir 40, y la vida empieza a los 40, de modo que esto promete'. Y creo en eso también. Porque me siento bien”, le dijo a la revista Playboy en la previa del lanzamiento de su primer álbum en cinco años, programado para el 17 de noviembre.

El 9 de octubre, John festejó sus cuatro décadas de vida junto a Sean, que cumplía sus 5, viendo cómo cinco aviones surcaban el cielo neoyorquino escribiendo, nueve veces, la leyenda “Happy Birthday John and Sean Love Yoko”, mientras un grupo de seguidores esperaba infructuosamente que saliera a la calle a recibir las tarjetas y regalos que le habían acercado.

John y Sean, una sociedad que había cambiado la forma en que el música miraba la vida.

John y Sean, una sociedad que había cambiado la forma en que el música miraba la vida.

Cuenta Philip Norman en su libro John Lennon - The Life, que el fotógrafo Bob Gruen contó que por esos días John había “celebrado” que se dejaran de hacer los conciertos de verano que se venían realizando en el Central Park desde fines de los ’60, por los cuales pasaron figuras como Otis ReddingJimi HendrixBruce Springsteen y The Who, entre muchos otros.

“Cuando le conté que no iba a haber más conciertos, John dijo: ‘Bien… Gracias a Dios, van a parar… No lo dejan dormir a Sean’”, recordó Gruen, quien entendió aquel comentario como un signo de lo mucho que había crecido su amigo.

El lanzamiento del single (Just Like) Starting Over, el 24 de octubre en Reino Unido y tres días después en los Estados Unidos, había puesto al beatle nuevamente en contacto con la prensa y terminó por derribar todas las especulaciones que se habían tejido en torno a su largo período de retiro/receso.

Ni pelado, ni con la nariz destrozada de tanto esnifar cocaína, ni con el cuerpo hecho un estropajo, como se comentaba; ahí estaba el ya no tan joven John, algo más delgado pero en perfectas condiciones .Y junto a él, inseparable, una Yoko que ya había dejado de ser la más odiada del mundo. La pareja se había hecho familia, y la vida de rock and roll era conjugada más en pasado que en un presente bastante más tranquilo. Aún con la industria revolucionada, por el regreso del más rebelde de los fab four a la ruta.

Y el regreso había sido a pleno. A tal punto que de las sesiones de Double Fantasy quedaron fuera del disco ocho canciones que hicieron que Lennon desistiera de volver a Bermuda para unas nuevas vacaciones y, en cambio, comenzara a trabajar en un nuevo disco: Milk & Honey. Mientras tanto, fantaseaba con la idea de producir un trabajo solista de Yoko, al que había insinuado titular Yoko Only. De paso, le había prometido a Ringo que participaría en su próximo álbum. Agenda completa.

En lo personal, John decía seguir sosteniendo las ideas de siempre, en torno al amor, la paz, el feminismo, la tolerancia y la diversidad. “Ya sabés… Dale una oportunidad a la paz; no matar gente por la paz. Todo lo que necesitás es amor. Creo en eso. Es endemoniadamente difícil, pero creo en eso. No fuimos los primeros en decir ‘imagina que no hay países’ o ‘dale una oportunidad a la paz’, pero llevamos esa antorcha, como si fuera una antorcha olímpica que pasa de mano en mano, de país en país, de generación en generación. Ese es nuestro trabajo” le dijo el músico a Jonathan Cott, que el 3 de diciembre había ido al Dakota a entrevistarlo para la Rolling Stone.

Lennon había madurado. Confesaba saber que la cuestión no era “el mundo” contra él, que la cuestión era con todos; que no tenía las respuestas para la vida ni se adjudicaba tipo de divinidad alguna. “Sólo puedo hacer canciones y responder preguntas del modo más honesto que puedo, ni más ni menos”, decía.

La tapa de la edición de Playboy que incluía la entrevista que John Lennon había ofrecido a la revista.

La tapa de la edición de Playboy que incluía la entrevista que John Lennon había ofrecido a la revista.

Tres días después, en una entrevista ofrecida a la BBC Radio 1, según consigna Norman en su biografía, el artista ponderaba la “sensación de seguridad” que le transmitía Nueva York, aún siendo una ciudad bastante más peligrosa que Londres. “Acá puedo salir e ir a restorán. ¿Sabés lo grandioso que es eso?”, explicó.

A tal punto lo consideraban así, que supersticiosos y todo, Yoko no prestó atención a un par de “avisos” sobre algo que podría sucederle a John. “Una vidente me dijo: ‘Veo una mujer, y veo que está llorando, gritando como loca. Creo que es tu hermana, porque es muy parecida a vos'”, recordó tiempo más tarde, que sí tenía una hermana, pero que no tenía pelo largo ni un hijo.

No fue la única: otra “psíquica”, ante una consulta de lo más mundana que le había planteado Yoko por un tema laboral, le advirtió que algo increíble que iba a cambiar su vida estaba por sucederle”.

John y Yoko frente al Dakota. Nueva York le daba a la pareja la tranquilidad de andar por la calle sin que los acosaran. /Foto Archivo

John y Yoko frente al Dakota. Nueva York le daba a la pareja la tranquilidad de andar por la calle sin que los acosaran. /Foto Archivo

Paralelamente, John derrochaba felicidad. Según Gruen, planeaba armar una banda para salir de gira, se entusiasmaba con encontrarse con sus amigos en Londres, ir a sus restoranes parisinos preferidos y regresar a Tokio para ir de compras. “Había descubierto que podía estar con los pies sobre la tierra, con su familia y sobrio, y seguir transmitiendo un mensaje que conectara con la gente”, contó Gruen a Norman.

En la puerta del Dakota, en tanto, diariamente un grupo de gente se congregaba esperando verlo salir. O entrar. “Dakota groupies”, les había bautizado Lennon. Según el biógrafo, había quienes habían compartido algo de la vieja beatlemanía, pero en su mayoría eran jóvenes que no habían vivido aquella historia.

Paciente, John solía dedicarles un rato, firmaba autógrafos y cruzaba algunas palabras, con algún enojo de por medio. Y el fin de semana del 6 de diciembre notó que se había sumado un muchacho que jamás había visto allí. Tenía 25 años, su nombre era Mark David Chapman, había nacido en Fort Worth, en Texas, y era hijo de un sargento de la Fuerza Aérea. Todas, cosas que jamás llegaría a saber.

En 1975, Mark David Chapman era miembro de la YMCA, en Fort Chaffee. Foto AP

En 1975, Mark David Chapman era miembro de la YMCA, en Fort Chaffee. Foto AP

Chapman había sido el típico “nerd”, con algo de sobrepeso y víctima de las burlas y cargadas de sus compañeros de colegio. En su adolescencia, cuenta Norman, experimentó con LSD y se volvió un cristiano devoto. Lo único que nunca cambió su vida fue su pasión por The Beatles. Ni siquiera cuando después de haber trabajado un tiempo en la YMCA emigró a Honolulu, en Hawaii, donde comenzó a padecer algunos trastornos psiquiátricos que lo llevaron a un intento de suicidio.

Las noticias acerca del retorno de John a la actividad, y de su vida en la “riqueza” llegaron a sus oídos, en la isla, y al mismo tiempo voces en su cabeza comenzaron a convencerlo de que semejante “traición” a los que él suponía los verdaderos ideales beatles sólo podía ser vengada con sangre. El cuadro lo completaba su obsesión por Holden Caulfield, protagonista de la novela El guardián entre el centeno, de J.D.Salinger. Chapman comenzó a creer que si terminaba con la vida de Lennon, podría convertirse en Holden y pasar a ser parte de la novela.

El 5 de diciembre, Chapman voló a Nueva York. En su mochila cargaba 14 horas de música de The Beatles. Se hospedó en la sede de la YMCA, en la calle 63 y salió a comprar una copia de Double Fantasy y la Playboy con la entrevista a Lennon. Después, casi que se instaló en la puerta del Dakota, donde recién el domingo 7 vio a su ex ídolo por primera vez.

John Lennon desnudo y abrazado a Yoko Ono; así los retrató Annie Leibovitz para la tapa de la Rolling Stone.

John Lennon desnudo y abrazado a Yoko Ono; así los retrató Annie Leibovitz para la tapa de la Rolling Stone.

De pronto, Chapman rompió el “contrato” de comunicación entre les “Dakota groupies” y el artista, se le acercó y comenzó a fotografiarlo. Yoko contaría luego: “John se enojó, y lo persiguió tratando de sacarle la cámara, a pesar de que le grité que no lo hiciera”.

Lo que pasó el lunes 8, Norman lo detalla a la perfección en su libro. John desayunó en La Fortuna, en la Avenida Columbus, se cortó el pelo para la segunda sesión de fotos que haría con Annie Leibovitz para Rolling Stone y ofreció una larga entrevista a RKO Radio, en la cual comentó que Double Fantasy era un álbum para la gente que había crecido con él.

“Estoy diciendo: ‘Ey, acá estoy ahora; ¿cómo están ustedes? ¿Cómo les está yendo con sus parejas? ¿Consiguieron lo que querían? ¿No fueron un rollo, los ’70? Acá estamos, tratemos de que los ’80 sean buenos, porque depende de nosotros lo que podamos hacer de ellos’”.

Un fotógrafo amateur registró el momento exacto en el que John Lennon firmó la copia de "Double Fantasy" que le dio Mark Chapman, horas antes de convertirse en su asesino.

Un fotógrafo amateur registró el momento exacto en el que John Lennon firmó la copia de "Double Fantasy" que le dio Mark Chapman, horas antes de convertirse en su asesino.

A las 16, John y Yoko salieron para el estudio Record Plant en el auto de la gente de la RKO. Antes de partir, Chapman se acercó con el disco que había comprado al arribar a la ciudad. “¿Eso es todo lo que querés?”, le disparó John después de firmárselo. Norman asegura que un fotógrafo amateur, Paul Goresh, captó la escena.

En el estudio, Lennon trabajó seis horas en un tema destinado originalmente a Double Fantasy, pero que finalmente fue descartado. El productor David Geffen arribó con la noticia de que el álbum iba camino a ser Disco de Oro, y a las 22.30 el beatle decidió que era bastante para esa jornada. No veía la hora de llegar a su casa para darle el beso de las buenas noches a Sean. Así que, nada de sushi en el Stage Deli. No hay nada mejor que casa, pensó John.

Recorrieron las pocas cuadras que separaban el estudio del Dakota en un ratito. Al llegar al número 1 de la calle 72, a diferencia de lo habitual, el conductor del auto en el que viajaban Lennon y Yoko paró contra el cordón, en vez de atravesar el arco de entrada del edificio hasta entrar en su patio interno.

John y Yoko llegando al estudio Hit Factory, donde el músico grabó el álbum "Double Fantasy", en agosto de 1980. /Foto AP - Steven Sands

John y Yoko llegando al estudio Hit Factory, donde el músico grabó el álbum "Double Fantasy", en agosto de 1980. /Foto AP - Steven Sands

Cuando John bajó del remís, Chapman se le acercó a unos pocos pasos, aún con su copia autografiada de Double Fantasy, y lo llamó: “Mr. Lennon”. Entonces, se paró como suelen hacerlo los policías en las series de televisión, con las piernas en línea y algo separadas, apunto su revolver hacia el músico y disparó.

        Play Video John Lennon – Video: cómo fueron sus últimas horas antes de los balazos mortales de Mark David Chapman  

Fue un disparo. Luego otro, y otro... Uno más. Cinco en total. John siguió caminando, llegó a las escaleras del vestíbulo del edificio y se desmoronó. Los casetes que llevaba en sus manos, con el resultado del trabajo del día, quedaron desparramados. “¡Le dispararon a John!” Yoko tardó varios segundos hasta poder gritar. El portero del edificio activó la alarma y se acercó al cuerpo ensangrentado para intentar un torniquete inútil. Luego le quitó los anteojos y lo cubrió.

Dos patrulleros entraron en escena en los minutos siguientes. Cuando los policías llegaron al lugar, Chapman seguía allí, apoyado contra la pared del edificio leyendo el libro El guardián entre el centeno, en cuya solapa interna había escrito: “Esta es mi declaración”. El revolver y el disco estaban junto a él.

Al día siguiente del asesinato, una multitud se congregó frente al edificio Dakota, en el mismo lugar en el que Chapman baleó al beatle. /Foto Mario Cabrera

Al día siguiente del asesinato, una multitud se congregó frente al edificio Dakota, en el mismo lugar en el que Chapman baleó al beatle. /Foto Mario Cabrera

John fue cargado en uno de los patrulleros y trasladado al Roosevelt Hospital, en la calle 59. Yoko lo acompañó en otro auto. Apenas lo entraron, fue llevado a la sala de emergencia. El parte dice que murió a las 23.07. Un rato después, el mundo empezaba a preguntarse por qué.

E.S.

Clarin.com.ar

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