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SOCIEDAD

6 de diciembre de 2020

El trágico destino de una familia francesa dedicada a la educación rural en Argentina y un juicio que debe ser reparador

Se inició en Reconquista, Santa Fe, el proceso por el cruel asesinato de Bernardo Charpentier, 52 años, apuñalado por un ladrón en la silla de ruedas que usaba desde que un accidente lo había dejado cuadripléjico, a los 18 años

Bernardo Charpentier tenía 52 años y, a pesar de su incapacidad física, se graduó de Ingeniero en Sistemas. Lo mataron a puñaladas en su casa, el 14 de mayo de 2018, para robarle un microondas y su teléfono celular. El acusado es Lucas Aquino (22), quien ahora enfrenta un proceso oral y público tras ser condenado a perpetua en un juicio abreviado que fue declarado nulo.

Bernardo era francés, pero fue criado en Reconquista, ciudad del noreste de Santa Fe a la que arribaron sus padres, Jean Charpentier y Margarita Faure, en 1970, cuando él todavía era un niño. Tenía un hermano mellizo, Alain, y una hermana menor, Cécile, única sobreviviente de los tres hermanos, que está participando de todo el proceso judicial.

La memoria de los Charpentier

El apellido Charpentier ya forma parte de la historia y de la memoria del Instituto de Cultura Popular (INCUPO) y de las Escuelas para las Familias Agrícolas (APEFA), instituciones emblemáticas en educación rural, tanto en Santa Fe, como en otras provincias del noreste argentino. Se trata de una de las familias más queridas y admiradas de Reconquista.

“Jean Charpentier era un tambero que había adoptado el sistema educativo de alternancia de Francia, de educación en áreas rurales, que combina el aprendizaje teórico con el aprendizaje experiencial en escenarios profesionales, para llevarlo a África y luego a América Latina. Era un tipo fuera de serie. Un animal pedagógico, un capo”, relató a Infobae Oscar Dinova, alumno de Jean y compañero de clases y amigo de los mellizos.

Charpentier vino a la Argentina por seis meses y se quedó para siempre en neustro país con su familia.

Bernardo, que se educó bajo ese sistema de enseñanza, egresó del secundario en 1983. Y, como era un fin de año caluroso, luego del acto de colación se fue a celebrar junto a su hermano mellizo y sus amigos al balneario “Los Tatané”, sin imaginar que un chapuzón le cambiaría la vida por completo.

El río tenía poca agua y al zambullirse en una parte que él creía profunda su cabeza golpeó contra un tronco y quedó cuadripléjico. A pesar de todas las operaciones a las que fue sometido, nunca más pudo movilizar brazos ni piernas.

Sin embargo, una vez repuesto psicológicamente del cimbronazo de quedar cuadripléjico en la adolescencia, se propuso realizar una vida lo más normal posible en la ciudad santafesina de Reconquista: ingresó a la universidad, viajó al exterior, participó de actividades culturales y recreativas, mantuvo a su grupo de amigos y hasta pudo comprarse una casa gracias a los ahorros que generó con su trabajo. Pero el 14 de mayo de 2018, el destino quiso que todos sus logros fueran arrebatados por un delincuente de 22 años que ingresó a su casa con fines de robo y lo mató a puñaladas.

Un año después del crimen, Lucas Aquino fue condenado a prisión perpetua en un juicio abreviado que al poco tiempo fue declarado nulo porque un acuerdo de ese tipo debía contar con la autorización del Fiscal Regional y del Fiscal General de la Provincia; y luego ser consagrado por un tribunal pluripersonal conformado a tal efecto y no por el mismo juez de la Instrucción Penal Preparatoria, que fue el doctor Gonzalo Basualdo.

Aquino era investigado por el fiscal Alejandro Rodríguez por los delitos de “homicidio agravado por alevosía, hurto y estafa, en concurso real” pero, para agilizar el proceso -con el consentimiento de la hermana de la víctima, Cecilia Charpentier-, resignó el agravante de la acusación y la estafa para pedir 25 años de cárcel por “homicidio simple en concurso real con hurto”. La estafa ignorada era porque el horno a microondas que Aquino le robó a Charpentier luego de matarlo lo había canjeado por cocaína...

Tras advertir la ilegalidad de lo acordado, la justicia realizó una nueva audiencia el 26 de junio de 2019 -presidida por los jueces Mauricio Martelossi, Sebastián Banegas y Martín Gauna Chapero- en la que el imputado negó las acusaciones en su contra y pidió ser sometido a un juicio oral y público, que comenzó este miércoles 3 de diciembre.“Es muy importante para nosotros que la sentencia sea la más justa porque siempre defendimos los derechos humanos, más en práctica que en teoría, y lo queremos seguir viviendo así”, sostuvo Cecilia Charpentier, quien calificó de “carnicero improvisado con cuchillos mal afilados” al asesino de su hermano.

“Este hecho horroroso e incomprensible pone en la balanza humana a un hombre ya muerto y el destino de un imputado muy joven. El Tribunal de Jueces Pluripersonal debe decidir una sentencia conforme a las pruebas y en forma objetiva. La familia Charpentier, por lo que fuimos o somos, por lo que hicimos o hacemos, esperamos ante todo que cada parte lo haga con una alta exigencia intelectual”, posteó Cecilia en su Facebook antes del juicio.

Años antes, el accidente de Bernardo, que él pudo superar de modo ejemplar, se cobró sin embargo otras dos víctimas. Su padre, Jean, ausente en el momento del accidente -su trabajo de educador lo llevaba a viajar con frecuencia-, nunca se perdonó lo sucedido, ahogó sus penas en el alcohol y falleció de enfermedad y tristeza en 1990. Alain, el hermano mellizo de Bernardo, nunca pudo superar la culpa de haber sobrevivido y estar sano, y siguió los pasos de su padre. Murió de cirrosis, a los 50 años, en 2016. Cécile fue a estudiar Francia donde obtuvo un máster en acción social y gestión sociocultural y se quedó a trabajar allá. Alternativamente, llevaba a sus hermanos, a uno para tratar de ayudarlo a superar la adicción; al otro, en busca de un tratamiento de rehabilitación.


A pesar de todos los obstáculos que le puso la vida, Bernardo -lejos de deprimirse- empezó una “lucha ejemplar y valiente que lo convirtió en el primer alumno cuadripléjico del país en ingresar a una universidad”, recordó su amigo Dinova.

Su invalidez tampoco le impidió viajar a Francia -invitado por la Association de Paralysés (hoy France Handicap) de ese país- y para reencontrarse con su familia francesa, que le obsequió una silla de ruedas eléctrica para que pudiera movilizarse con mayor facilidad.


Bernardo se recibió de Ingeniero en Sistemas en la Universidad Tecnológica de Santa Fe, en 1986. Completó la carrera en 6 años y siempre estuvo rodeado de amigos y vecinos solidarios de Reconquista, que lo acompañaron en todo momento y lo consideraban un ejemplo de voluntad motivadora.

Otro ejemplo de coraje lo da la madre de Bernardo, Margarita, que a sus 83 años sigue trabajando por los derechos de las personas más vulnerables y la educación en zonas rurales.

“Bernardo tuvo un accidente idiota mientras se divertía sanamente con sus amigos. Sucedió en un minuto sin una explicación lógica. Y a pesar de la adversidad, él siempre sonreía. Es un hombre que aceptó desde el comienzo todo lo que sucedió. Solo podía mover y levantar su muñeca derecha. Tuvo la posibilidad de asistir al mejor centro de rehabilitación de Argentina, donde le aconsejaron hasta el tipo de estudios que podía llegar a hacer”, contó a Infobae su hermana Cécile, quien decidió renunciar a su trabajo en Francia y volver a Reconquista para honrar la memoria de Bernardo y no descansar hasta ver al culpable tras las rejas.


“Antes del accidente quería ser ingeniero químico. Pero los médicos le sugirieron que optara por la informática porque como sólo podía mover y levantar la muñeca derecha le enseñaron a pulsar las teclas de la computadora con los puños cerrados. Y así fue como se inscribió en la UTN, donde se convirtió en el orgullo de la universidad”, recordó la mujer.

Su primer trabajo formal lo tuvo en el Hospital de Reconquista, donde lo contrataron para informatizar las instalaciones. En paralelo, hacía trabajos de programación free lance y daba clases en la UTN de Reconquista. “Todos lo conocían como ‘el rengo Bernardo y se convirtió en uno de los personajes más populares de la ciudad, por lejos”, recordó Dinova, ya que integraba el coro local, formaba parte del grupo de teatro, enseñaba catequesis a los niños y ayudaba a Cáritas en varios proyectos.


“Mi hermano era alguien que decidió, el mismo día del accidente, que nada ni nadie le impediría concretar sus sueños y sus ganas de vivir. Pero también tengo que admitir que lo que más hubiese querido era formar una familia y eso fue lo que le quedó pendiente, ya que los médicos le habían dicho que podía tener hijos”, admitió su hermana.

Con los ahorros de su trabajo, Bernardo había logrado comprarse su propia casa en el barrio Primera Junta, y llevaba una vida admirable hasta que un delincuente se la arrebató de un cuchillazo. Hoy, Cécile es la que carga con la responsabilidad de hacer justicia.

A pesar de su incapacidad física, Bernardo vivía solo. “Tenía cuidador principal, que lo asistía a la mañana, al mediodía y a la noche; y que cuando él no podía ir le recomendaba a otros reemplazantes. “Ese justamente fue el problema, ya que una de las cuidadoras sustitutas comentó en su entorno, que era bastante marginal, cuál era la situación de Bernardo y un delincuente que se hizo pasar por su marido, ingresó en la casa de mi hermano y lo mató para robarle”, aseguró la mujer.

Al asesino lo delató su mismo entorno “por haber traspasado todos los códigos, incluso los de la delincuencia”, contó Cécile. Fue un ex compañero de prisión el que se presentó en la comisaría y contó con lujo de detalles lo que el asesino le había confesado. Como sucede en tantos casos de violencia delictiva, el perpetrador debía haber estado preso.


Para Cécile, el perfil psicológico y psiquiátrico de Lucas Aquino es muy complicado y, de acuerdo a su experiencia profesional, considera que ya no hay más herramientas para tratarlo: “La única solución es aislarlo para proteger a la sociedad de la conducta peligrosa que tiene. Debería quedar encerrado de por vida porque tiene pulsiones asesinas que él no controla”.

La sentencia por el crimen de Bernardo se conocerá el miércoles 9 de diciembre. Mientras tanto, en las redes sociales, sus amigos y conocidos emprendieron una cruzada con los hashtags #JusticiaPorElRengo y #SomosBernardo para acompañar a Cécile en estas instancias de alegatos.

“Recordar a Bernardo es impregnarse de su fuerza, de su manera de llevar sus combates, con paciencia, con confianza, con objetividad. Es impregnarse de su bondad”, concluyó Cecilia, quien confía en un fallo ejemplar para que su hermano pueda descansar en paz.

Formado con Charpentier, en 1997 Oscar Dinova viajó a Jujuy con Alain, para abrir Escuelas de Alternancia en esa provincia. Así conoció, por las confidencias del hermano, la primera etapa de la tragedia de esa familia, el accidente de Bernardo. Ahora, todavía en shock, al enterarse de su cruel asesinato, enumera los elementos del drama: “Padres que dejaron todo para venir a traer un sistema educativo a nuestro país. Padres que a su vez se dedicaron a su vocación social pagando un precio altísimo. Un asesinato que expone a un aparato judicial que deja libres a personas peligrosísimas. Marginales que asesinan a un indefenso entre indefensos, a un paralítico que luchó toda la vida por sobrellevar su infortunio. Y una sociedad que espera justicia y tener alivio en su congoja.” 
fuente: Infobae. 

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