Domingo
31 de Agosto de 2025
16/12/2024
Fuente: telam
Un terremoto desató la furia el 16 de diciembre de 1707, provocando una de las erupciones más devastadoras del país. Ceniza, destrucción y hambruna dejaron una huella imborrable
>El Este evento, conocido como la erupción del volcán Hoei, fue la más grande registrada en su historia. La erupción transformó no solo el paisaje de la montaña, sino también la vida de miles de personas en las regiones circundantes.
El desencadenante principal de la erupción fue un terremoto masivo de magnitud 8,6 que sacudió la costa de Japón el 28 de octubre de 1707. Este fue uno de los terremotos más poderosos registrados en la historia japonesa y provocó una serie de tsunamis devastadores que cobraron millones de vidas.La erupción del Monte Fuji comenzó de manera explosiva, liberando enormes cantidades de material volcánico. Durante los días siguientes, el volcán expulsó cerca de 9.000 millones de metros cúbicos de ceniza y tefra (fragmentos de roca volcánica) a la atmósfera.
El flujo de lodo, rocas y escombros conocidos como lahares devastaron granjas y aldeas cercanas. La ceniza acumulada en ríos y arroyos provocó inundaciones masivas, intensificando el desastre. La erupción continuó hasta el 1 de enero de 1708, dejando tras de sí una destrucción sin precedentes.
Aunque no existen cifras exactas de víctimas mortales, se estima que miles de personas murieron a causa de los efectos directos e indirectos de la erupción. Las ciudades y campos agrícolas quedaron devastados, y las enfermedades respiratorias causadas por la ceniza afectarán gravemente a la población.A pesar de su aparente tranquilidad, el Monte Fuji sigue siendo un volcán activo. La marca dejada por la erupción de 1707 todavía es visible en su ladera sureste, donde se encuentra un cráter irregular sin vegetación, conocido como el “cráter de Hoei”.
Los científicos y las autoridades japonesas continúan vigilando el Monte Fuji de cerca. Se han elaborado mapas de posibles zonas de riesgo y planos de evacuación para la región metropolitana de Tokio, donde residen millones de personas. A pesar de la incertidumbre, el legado del evento sigue vivo, registrando en Japón su constante vulnerabilidad ante los fenómenos naturales.El Monte Fuji, venerado como un ícono de belleza y tranquilidad, es también un recordatorio del poder destructivo de la naturaleza. La erupción de 1707 dejó cicatrices profundas en el paisaje japonés y en su memoria histórica. Aunque el volcán ha permanecido en calma desde entonces, su potencial para futuras erupciones sigue siendo motivo de vigilancia y preparación constante en Japón.
Fuente: telam