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CRIMEN Y JUSTICIA

20 de noviembre de 2020

Exclusivo: la víctima de uno de los casos más aberrantes de pedofilia de la historia argentina

rompe el silencio 17 años después Lucas Benvenuto tenía 11 años cuando fue corrompido por la banda de los “boy lovers” que giraba alrededor del psicólogo Jorge Corsi.

 Hoy, todos ellos están libres: solo uno fue condenado. A los 28 años, al filo de su vida, Lucas habla para sanar y sobrevivir: “Si no cuento mi historia, me voy a terminar matando”

Entrevista a Lucas Benvenuto, víctima de abuso sexual - #Entrevista
Lucas Benvenuto busca la paz en el aire, en cierta forma. Hiperventila, fuma un cigarrillo tras otro. Hace tres días que no come, según él mismo: se le nota en la cara, en la piel al filo de los huesos, en sus movimientos propios de un chico al que derrumbaron por dentro y que libró una guerra desesperada para ponerse de pie. Quiere hablar. Esperó 17 años para hacerlo. Algo lo empujó finalmente a hacerlo. La semana pasada, uno de los hombres que destruyó su vida salió de la cárcel.

Tras un proceso abreviado en el Tribunal Oral Criminal N°3, donde Lucas fue representado por su histórico abogado querellante, Javier Moral, el profesor de música Marcelo Rocca Clement aceptó su culpa a través del teléfono público del penal para abusadores de Senillosa en Neuquén: acordó una pena de seis años de prisión. Su nueva pena se unió a sus otras condenas, un cómputo de catorce años y cuatro meses de prisión, todas por abusar de chicos y corromperlos. Lucas fue uno de ellos. Tenía apenas 11 años cuando fue atacado por el profesor. Por el testimonio de Lucas, por su valentía, Rocca Clement fue condenado, tras una denuncia iniciada en 2012.

Tras el acuerdo, su pena fue considerada cumplida por la Justicia. El martes 3 de noviembre, el director del penal de Senillosa recibió el oficio del Tribunal N°3 que indicaba que Rocca Clement debía ser soltado. El condenado salió en el día. Antes debía entregar su sangre para el registro de ADN de abusadores sexuales del Ministerio de Justicia. Se negó; tuvieron que obligarlo a un hisopado.

Así, Rocca Clement volvió a ser un hombre libre como cualquier otro, que no debía reportarse ante nadie por los delitos aberrantes que cometió, en una de las contradicciones del sistema penal argentino que no exige que sus condenados por delitos contra chicos se reporten ante un patronato al ser liberados o formen parte de un registro público, algo que Lucas como víctima no concibe, o no entiende, o no soporta.


Su salida de la cárcel parecía el final, el último capítulo aparente de uno de los casos más aberrantes de la historia criminal argentina. El profesor de música siempre gozó de cierto anonimato, su nombre escondido detrás de un nombre más grande. En 2008, Rocca Clement fue señalado como parte de la banda de los “boy lovers”, un grupo de hombres que giraba alrededor del reconocido psicólogo Jorge Corsi, acusados de captar a chicos en cibers y fiestas para luego abusar de ellos y corromperlos, entre encuentros privados en departamentos, viajes a Mar del Plata, con tácticas de lavado de cerebro, discursos de atención y falso amor.

Corsi fue finalmente condenado, también salió de la cárcel de Ezeiza en agosto de 2014 para volver a vivir su vida en su viejo departamento, en su viejo barrio. Su fama acaparaba la atención, lo que le permitió a Rocca Clement permanecer en un cómodo segundo plano. No fue el único. En su denuncia de 2012, Lucas señaló a otros dos hombres más: Augusto Correa, Pablo López Vidal. Fue precisamente en un departamento que sería propiedad de la familia de Correa sobre la calle Escalada en Villa Luro donde Lucas fue atacado y abusado.

Correa fue sobreseído, según documentos judiciales: se declaró extinguida la acción penal en su contra por prescripción de los delitos. Pablo López Vidal recibió el mismo beneficio el 1° de junio de 2017, en una decisión tomada por la jueza María Fontbona de Pombo, titular del Juzgado N°45, la misma que tuvo en sus manos la causa de Corsi.

Irónicamente, Rocca Clement, acusado junto a ellos, sería el único condenado en el expediente ocho años después.

A Lucas, saber esto le envenena la vida. De todos esos chicos que los “boy lovers” que supuestamente captaron, Lucas era quizás el más vulnerable de todos, el hijo de una madre adicta de Mataderos, sin contención, solo en un ciber, con un chat de Messenger encendido que nadie supervisaba. De acuerdo a la condena del Tribunal N°3, sus abusadores adultos se abalanzaron sobre él para masturbarse sobre su panza mientras intentaban convencerlo de que acceda a ser penetrado, a que permita que lo violen.

Lucas, otra vez, tenía 11 años en ese entonces, fines de 2003, comienzos de 2004. Tiene una foto de aquel entonces. Quiere que el mundo la vea.

“Esta entrevista que me estás dando me va a dar un respiro”, dice. Tiene la fuerza suficiente como para hacerla, contenido por un equipo de psicólogas que lo apoyó en su decisión de dar esta entrevista. Busca, también, que las caras de los hombres que acusó de ser sus abusadores se conozcan nuevamente, que no se pierdan.

Lucas, también, habla para sanar y sobrevivir. “Si no cuento mi historia me voy a terminar matando”, dice.

-¿Cómo es tu vida hoy?

-Todas estas cosas me causaron muchas cosas en mi vida de ahora, actual. Sufro de trastornos alimenticios. Tengo problemas para salir a la calle, para relacionarme con las personas, le tengo miedo a la gente, entré dos veces a terapia intensiva para quitarme la vida. La última vez que lo intenté fue cuando Pablo intentó comunicarse conmigo nuevamente. Para hostigarme, no entiendo por qué. Una semana después me quise quitar la vida. Tengo los brazos destrozados. Me cuesta hablar de esto un poco. Creo que mostrar las consecuencias que me dejó esto habla más que mi propia voz. Hace años que trato de guardar mi privacidad, mi intimidad gracias a Javier Moral. Es un asco mi vida hoy. Una de las cosas que me molestan un montón es que mi vida cambió, tengo cosas hermosas pero no puedo apreciar nada porque siguen en mi cabeza las caras de todos ellos. En el momento en que quedaron libres, yo estoy preso.

-¿Por qué decidiste contar tu historia hoy? ¿Por qué decidiste hacerla visible?

-Siento que si no hablo, me voy a terminar matando. Como te dije recién, estuve dos veces en terapia intensiva. Están todos mis registros médicos. Me intenté quitar la vida. Te lo digo simplemente. Es tan horrible que lo tenga naturalizado... Pasó tanto tiempo que me ahogo, no puedo. Mi vida quedó en pausa en el momento en que los conocí a ellos. A partir de ahí, ya cuando vuelvo a mi casa, al ciber, a todas esas cosas me contacta Marcelo. Me dice que quiere pasarme a buscar por la puerta del ciber con un amigo. Ese amigo era Augusto. Me llevaron al departamento de la hermana de Augusto, que es psicóloga, donde pasaron todas las cosas, todos los abusos. Está demás decir esto, pero yo era virgen, casto.

-Tenías 11 años.

-Exacto. ¿Por que aclaro esto? Porque insistían en querer penetrarme. Como dijiste recién, once años. Anatómicamente no estaba preparado para estas cosas.

-En ningún sentido estabas preparado para estas cosas.

-Quiero recalcar esto porque fue la parte más cruel. Además del gusto por la edad que tenía, estaba el gusto de que era virgen.

-Rocca Clement fue obligado a dar su ADN. No debe reportarse ante nadie. Lo mismo Corsi, o los otros hombres que acusaste y que fueron sobreseídos.

-Creo que esto es terrible, es muy difícil una denuncia de abuso sexual infantil, o cualquier denuncia de abuso sexual. La Justicia debería replantearse eso. No puede ser que hayan tenido que obligarlo. A Augusto Correa y Pablo López Vidal, mucho menos. Tiene que haber un registro como en Estados Unidos, se tienen que reportar. No puede ser que las personas que sufrieron abuso sexual sean las condenadas. No pueden caminar por la calle como si nada. Yo lo tengo naturalizado, pero estas cosas me  empujan a la depresión. Siento que fue en vano a veces, hablé sin el apoyo de mi familia. La Justicia, perdón que diga esto, es una porquería.


Hay escaleras hacia la nada en los brazos de Lucas. Son las marcas de las lesiones que se hizo a lo largo de los años, heridas que se inflingió a sí mismo, con los acusados sueltos que no salían de su cabeza. No las esconde, las relata. Se pone a sí mismo en la línea. Durante ocho años, su abogado Javier Moral hizo un trabajo crucial para mantener su identidad en reserva, para preservarlo. Los periodistas que trabajamos el caso jamás supimos su nombre.

Ahora, la historia cambia.

-¿Qué pensás para tu futuro? ¿Cómo sigue tu vida después de esto?

-Dependo de una pastilla para poder comer, dormir, sonreír, poder tener ganas de vivir, de salir. Mi vida, si hay una de las cosas que me ayudó es hacer deporte, ser atleta. El deporte me ayudó muchísimo. Siento que si esto no se visible, si sus caras no se dan a conocer, si no hay un registro de violadores, el tiempo está congelado. Esta entrevista que vos me estás dando, a mi me da la posibilidad de un respiro.

La entrevista fue realizada el jueves 19, ayer, declarado internacionalmente el Día de la Prevención del Abuso Sexual en Infancias, sin que lo supiéramos. Lucas llama por WhatsApp tras el el reportaje. Dice que recuperó el apetito, que comió, que pudo salir a ver a sus amigos y que se siente mejor. Que de a poco, asegura, recupera la sensación.

fuente: Infobae.

 

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